Rafael Alberti
Verás entre meadas y meadas,
más meadas de todas las larguras:
unas de perros, otras son de curas
y otras quizá de monjas disfrazadas.
Las verás lentas o precipitadas,
tristes o alegres, dulces, blandas, duras,
meadas de las noches más oscuras
o las más luminosas madrugadas.
Piedras felices, que quien no las mea,
si es que no tiene retención de orina,
si es que no ha muerto es que ya está expirando.
Mean las fuentes… por la luz humea
una ardiente meada cristalina…
y alzo la pata… pues me estoy meando.
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Ojos claros, serenos
Gutierre de Cetina
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Rimas
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima XXX
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?
Consulta más rimas de Bécquer aquí.
Rima XXX
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?
Consulta más rimas de Bécquer aquí.
Proverbios y cantares
Antonio Machado
¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
si dices la otra mitad.
---
El ojo que ves
no es ojo porque tú lo veas,
es ojo porque te ve.
---
Poned atención:
un corazón solitario
no es un corazón.
---
En mi soledad,
he visto cosas muy claras
que no son verdad.
¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
si dices la otra mitad.
---
El ojo que ves
no es ojo porque tú lo veas,
es ojo porque te ve.
---
Poned atención:
un corazón solitario
no es un corazón.
---
En mi soledad,
he visto cosas muy claras
que no son verdad.
Juguete de amor
Manolo Chinato
Anoche pasé frío y me desenamoré un poco.
Anoche pasé frío y fui poeta.
Anoche, mientras mi carne se helaba
y mi alma en mi cuerpo se escondía,
vi como mi amor para ti
era un juguete pasado ya de moda que ya nada valía.
Cualquier amanecer echarán
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alejándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas.
Y estaré allí donde ya nada vale nada
hasta que algún día una dulce gitanilla,
con mocos y pecas en la cara,
limpie con su manga grasienta
la suciedad que la sociedad pegó a mi alma;
y volveré a ser un juguete reluciente de amor y de alegría.
Y volveré a ser un juguete reluciente de amor y de alegría.
¡Que importa que me engañes si luego me sonríes!
¡Qué importa ser poeta o ser basura!
Anoche pasé frío en el cuerpo y en el alma.
Anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada.
Canción de Extrechinato y tú.
Anoche pasé frío y me desenamoré un poco.
Anoche pasé frío y fui poeta.
Anoche, mientras mi carne se helaba
y mi alma en mi cuerpo se escondía,
vi como mi amor para ti
era un juguete pasado ya de moda que ya nada valía.
Cualquier amanecer echarán
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alejándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas.
Y estaré allí donde ya nada vale nada
hasta que algún día una dulce gitanilla,
con mocos y pecas en la cara,
limpie con su manga grasienta
la suciedad que la sociedad pegó a mi alma;
y volveré a ser un juguete reluciente de amor y de alegría.
Y volveré a ser un juguete reluciente de amor y de alegría.
¡Que importa que me engañes si luego me sonríes!
¡Qué importa ser poeta o ser basura!
Anoche pasé frío en el cuerpo y en el alma.
Anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada.
Canción de Extrechinato y tú.
A la sombra de mi sombra
Manolo Chinato
A la sombra de mi sombra
me estoy haciendo un sombrero,
sombrero de largas pajas
que he recogido del suelo.
Lo haré con el ala ancha
que casi llegue hasta el cielo
pa muchas veces no ver
las cosas que ver no quiero.
No quiero ver injusticias ni miserias,
no quiero ver militares ni princesas,
no quiero ver dictaduras ni pobrezas,
no quiero ver religiones ricas ni reinas.
Que sólo quiero yo ver a los pobres sin miseria;
a los ricos sin dinero desnudos en esta tierra;
a infinitos corazones unidos por el amor
y unidos contra la guerra.
Canción de Extrechinato y tú.
A la sombra de mi sombra
me estoy haciendo un sombrero,
sombrero de largas pajas
que he recogido del suelo.
Lo haré con el ala ancha
que casi llegue hasta el cielo
pa muchas veces no ver
las cosas que ver no quiero.
No quiero ver injusticias ni miserias,
no quiero ver militares ni princesas,
no quiero ver dictaduras ni pobrezas,
no quiero ver religiones ricas ni reinas.
Que sólo quiero yo ver a los pobres sin miseria;
a los ricos sin dinero desnudos en esta tierra;
a infinitos corazones unidos por el amor
y unidos contra la guerra.
Canción de Extrechinato y tú.
La canción del pirata
José de Espronceda
Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
Y allá a su frente Estambul:
-Navega, velero mío,
sin temor
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
(La canción del pirata - Fragmento)
Canción interpretada por el grupo Tierra Santa
Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
Y allá a su frente Estambul:
-Navega, velero mío,
sin temor
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
(La canción del pirata - Fragmento)
Canción interpretada por el grupo Tierra Santa
Poesía pura
Juan Ramón Jiménez
Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.
Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!
…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!
Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.
Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!
…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!
Homenaje a Japón
Piezas grabadas por alumnos del taller de radio creativa de TEA FM, como homenaje a las víctimas del Tsunami de Japón.
KAMIKAZE, el Viento Divino
Las mil grullas
Homenaje a las víctimas del Tsunami
KAMIKAZE, el Viento Divino
Las mil grullas
Homenaje a las víctimas del Tsunami
A un hombre de gran nariz
Francisco de Quevedo
Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado;
Era un reloj de sol mal encarado.
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egito,
Los doce tribus de narices era;
Érase un naricísimo infinito,
Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal morado y frito.
Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado;
Era un reloj de sol mal encarado.
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egito,
Los doce tribus de narices era;
Érase un naricísimo infinito,
Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal morado y frito.
La Odisea
Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos,
que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar;
vio muchas ciudades de hombres y conoció su talante,
y dolores sufrió sin cuento en el mar tratando
de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros.
Mas no consiguió salvarlos, con mucho quererlo,
pues de su propia insensatez sucumbieron víctimas,
¡locas! de Hiperión Helios las vacas comieron,
y en tal punto acabó para ellos el día del retorno.
Diosa, hija de Zeus, también a nosotros,
cuéntanos algún pasaje de estos sucesos.
Fragmento de La Odisea de Homero
que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar;
vio muchas ciudades de hombres y conoció su talante,
y dolores sufrió sin cuento en el mar tratando
de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros.
Mas no consiguió salvarlos, con mucho quererlo,
pues de su propia insensatez sucumbieron víctimas,
¡locas! de Hiperión Helios las vacas comieron,
y en tal punto acabó para ellos el día del retorno.
Diosa, hija de Zeus, también a nosotros,
cuéntanos algún pasaje de estos sucesos.
Fragmento de La Odisea de Homero
Verde que te quiero verde
Poema recitado y editado por alumnos del taller creativo de radio de TEA FM.
Federico García Lorca
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
Federico García Lorca
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
Cuento verde
Cuento interpretado y editado por alumnos del taller creativo de radio de TEA FM
Había una vez un duendecito verde, que vivía en un bosque verde, en una casita verde con verde chimenea. Le encantaban sus matas verdes, su cerca verde y los cuentos verdes, muy muy verdes.
Una noche, después de un día perramente verde, verde de la piedra, se dispuso a decansar. Tomó uno de sus libros verdes de la librera verde, se sentó en su sillón verde e inició su verde lectura para relajarse verdemente.
De repende, en medio de la noche verde, tres golpes verdes en su puerta verde ¡interrumpieron el verde silencio del bosque!
(Toc, toc, toc)
- ¿Quién es? – preguntó verde del susto el duendecito verde. Pero nadie, nadie respondió.
(Toc, toc, toc)
- ¡¿Quién es?! – gritó. - ¡¿Quién osa interrumpir mi momento verde?!
Se bajó del sillón verde, metió sus piecitos verdes en las pantuflas, que adivinen de qué color eran, y caminó hasta la puerta verde. Temblando de lo verde abrió la puerta verde un poquitico y se asomó...
Frente a el, encontró una carita sorprendida de un duendecito rojo, que rojo de verguenza exclamó:
- ¡Perdón! Creo que me equivoqué de cuento...
Había una vez un duendecito verde, que vivía en un bosque verde, en una casita verde con verde chimenea. Le encantaban sus matas verdes, su cerca verde y los cuentos verdes, muy muy verdes.
Una noche, después de un día perramente verde, verde de la piedra, se dispuso a decansar. Tomó uno de sus libros verdes de la librera verde, se sentó en su sillón verde e inició su verde lectura para relajarse verdemente.
De repende, en medio de la noche verde, tres golpes verdes en su puerta verde ¡interrumpieron el verde silencio del bosque!
(Toc, toc, toc)
- ¿Quién es? – preguntó verde del susto el duendecito verde. Pero nadie, nadie respondió.
(Toc, toc, toc)
- ¡¿Quién es?! – gritó. - ¡¿Quién osa interrumpir mi momento verde?!
Se bajó del sillón verde, metió sus piecitos verdes en las pantuflas, que adivinen de qué color eran, y caminó hasta la puerta verde. Temblando de lo verde abrió la puerta verde un poquitico y se asomó...
Frente a el, encontró una carita sorprendida de un duendecito rojo, que rojo de verguenza exclamó:
- ¡Perdón! Creo que me equivoqué de cuento...
No me mires
Laura Devetach
No me mires,
que nos miran.
Nos miran que nos miramos,
miremos que no nos miren
y cuando no miren
nos miraremos.
Porque si nos miran
que nos miramos
pueden mirar
que nos amamos.
No me mires,
que nos miran.
Nos miran que nos miramos,
miremos que no nos miren
y cuando no miren
nos miraremos.
Porque si nos miran
que nos miramos
pueden mirar
que nos amamos.
Trabalenguas
Juan tuvo un tubo,
y el tubo que tuvo se le rompió,
y para recuperar el tubo que tuvo,
tuvo que comprar un tubo
igual al tubo que tuvo.
De Guadalajara vengo,
jara traigo, jara vendo,
a medio doy cada jara.
Que jara tan cara traigo de Guadalajara.
¿Usted no nada nada?
No, no traje traje.
Treinta y tres tramos de troncos
trozaron tres tristes trozadores
de troncos y triplicaron su trabajo,
triplicando su trabajo de trozar troncos y troncos.
Tengo un tío cajonero
que hace cajas y calajas
y cajitas y cajones.
Y al tirar de los cordones
salen cajas y calajas
y cajitas y cajones.
y el tubo que tuvo se le rompió,
y para recuperar el tubo que tuvo,
tuvo que comprar un tubo
igual al tubo que tuvo.
De Guadalajara vengo,
jara traigo, jara vendo,
a medio doy cada jara.
Que jara tan cara traigo de Guadalajara.
¿Usted no nada nada?
No, no traje traje.
Treinta y tres tramos de troncos
trozaron tres tristes trozadores
de troncos y triplicaron su trabajo,
triplicando su trabajo de trozar troncos y troncos.
Tengo un tío cajonero
que hace cajas y calajas
y cajitas y cajones.
Y al tirar de los cordones
salen cajas y calajas
y cajitas y cajones.
Canto negro
Nicolás Guillen
¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Congo
baila yambó sobre un pie.
Mamatomba,
serembe cuserembá.
El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó,
aé
yambó,
aé.
Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!
¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Congo
baila yambó sobre un pie.
Mamatomba,
serembe cuserembá.
El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó,
aé
yambó,
aé.
Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!
Parto de palabras
Juan Morales Rojas
Al alhiguí, cholita.
al maripún, castaña.
al rosicler que tiñe
de inquieto amor tu cama.
Al varipán, venusa;
al carraclan, acacia;
al mirabó, mi hembrita;
soy macho en el dios brama.
Al marifrú, la novia;
al labiobeso, gasa.
(En el jardín un surco
luz de sol enterrada...)
Al jeroglí, silencio;
al pinorol, la pausa;
al pinocampo un pardo
secreto en la palabra...
(No te asombres: tampoco,
amigo, entiendo nada;
pero me he divertido
con esta jitanjáfora)
Podéis consultar más jitanjáforas aquí.
Al alhiguí, cholita.
al maripún, castaña.
al rosicler que tiñe
de inquieto amor tu cama.
Al varipán, venusa;
al carraclan, acacia;
al mirabó, mi hembrita;
soy macho en el dios brama.
Al marifrú, la novia;
al labiobeso, gasa.
(En el jardín un surco
luz de sol enterrada...)
Al jeroglí, silencio;
al pinorol, la pausa;
al pinocampo un pardo
secreto en la palabra...
(No te asombres: tampoco,
amigo, entiendo nada;
pero me he divertido
con esta jitanjáfora)
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La chica que se convirtió en cama
Sucedió que una mañana
recogió una planta rara.
Su cabeza se hizo blanda
y blanca como una almohada.
Toda su piel - que por cierto
estaba ya muy ajada-
pronto se vio reemplazada
con algodón cien por ciento.

De piernas, brazos y pecho
manaron en borbotón,
las sábanas, el colchón
y demás cosas de un lecho.

La miré con agonía,
tanta que empecé a gemir.
Pero al fin vi que tenía
un lugar para dormir.

Poema de Tim Burton. La melancólica muerte de Chico Ostra. Anagrama. 1999
recogió una planta rara.
Su cabeza se hizo blanda
y blanca como una almohada.
Toda su piel - que por cierto
estaba ya muy ajada-
pronto se vio reemplazada
con algodón cien por ciento.

De piernas, brazos y pecho
manaron en borbotón,
las sábanas, el colchón
y demás cosas de un lecho.

La miré con agonía,
tanta que empecé a gemir.
Pero al fin vi que tenía
un lugar para dormir.

Poema de Tim Burton. La melancólica muerte de Chico Ostra. Anagrama. 1999
Palillo y Cerilla
El chico mancha
De todos los superhéroes
hay uno que es el más raro:
no tiene muchos poderes
ni es su coche el más caro.
Junto a Superman o Batman
no parecerá muy épico
pero es de verdad espléndido
y supermancha lo llaman.
Aunque no puede correr
tan veloz como una lancha,
tiene el extraño poder
de dejar siempre una mancha.
Le molesta que su don
no sea en el aire volar,
sino tener que pagar
de lavandería un cuentón.
Poema de Tim Burton. La melancólica muerte de Chico Ostra. Anagrama. 1999
hay uno que es el más raro:
no tiene muchos poderes
ni es su coche el más caro.
Junto a Superman o Batman
no parecerá muy épico
pero es de verdad espléndido
y supermancha lo llaman.
Aunque no puede correr
tan veloz como una lancha,
tiene el extraño poder
de dejar siempre una mancha.
Le molesta que su don
no sea en el aire volar,
sino tener que pagar
de lavandería un cuentón.
Poema de Tim Burton. La melancólica muerte de Chico Ostra. Anagrama. 1999
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